Égloga VIII

Bajo el suave rumor del aparato
de aire acondicionado, se pajea
Silvano, arrastrado en la corriente
de recuerdos, las nalgas y los pechos
de su querida amante, Galatea.
SILVANO
Cómo vibran tus pechos y tu boca…
¡Cómo entre las harinas y la mesa!
La mesa de amasarte la entrepierna,
tus tetas retozonas en harina…
¡Cómo la curva! ¡Oh, sí! ¡Tus caderas!
¡Oh, oh! ¡Tus muslos! ¡Uh, tus nalgas frías!
¡Cómo tus! ¡Cómo, cómo! ¡Uh!… Belona…
Allí en tu habitación me la mamabas…
El techo blanco y liso y aquel móvil
de conchas de colores de los hippies.
Daban igual tus padres, igual daban
las llamadas perdidas, los teléfonos
caídos en la angustia de los tonos.
¡Ah, Belona! Tus labios. ¡Uh! Tu boca.
¡Oh, sí! Tu mano. ¡Tu mano ligera!
Por la curva secreta de tu coño
encontré la respuesta a mi quimera,
encontré un viento de pájaros verdes
que volvían del Sur cada mañana.
Recuerdo tu alegría de correrme
entre tus tetas frondosas y tiernas
y entre tus manos balbuciendo semen.
CLIMATIZADOR
Temor de ardor, temor, bramidos sin calor.
Roncos bramidos de brumas y focos.
Broncas de amigos y bromas de locos.
SILVANO
¡Uf! En las oquedades de la piedra,
las piedras escarpadas bajo el faro,
las ramas secas del acantilado…
Éramos como dos gaviotas jóvenes
buscando un hueco íntimo en la roca
con ansias de empollar nuestros amores.
Caíste encima de mí como un río.
Tu amor de río, ¡sí!, tu amor fluvial.
¿Por qué un amor, Amor? ¿Por qué no dos?
Si galopamos juntos los confines…
por las ramblas de nubes, por las vísperas.
Nos íbamos de bruces hacia el cielo.
¡Nos íbamos! ¡Nos íbamos! ¡De bruces!
Los cuerpos desplegados sobre frases,
nos íbamos fluidos por el viento,
las manos enfilaban los azares
y ráfagas de cumbres sin distancia.
¡Oh, sí! Belona… curva sin segmentos.
No. Ya no. Galatea, ¡Galatea!
¡Sí, sí! Tendida sobre las harinas…
muele moliendo el trigo sin espiga,
trotando sobre el trigo sin aristas,
trotando por las camas de la siega
y tamborileando el cuerpo contra
el cuerpo, la alegría contra el gozo,
sus muslos entregados a la noria.
Las colinas celestes de Belona…
El vuelo de las aves por Belona…
No. Que no. ¡Galatea! ¿Por qué no?
¿Por qué un amor, Amor? ¿Por qué no dos?
¿Por qué no sólo verbo, verbo, verbo
y sujetos elípticos sin nombre?
¿Por qué no dos, Amor, ¿Y por qué no?
Tropieza en estas cuestiones y en otras
trasvasando su sangre hacia el cerebro:
se bate con metrónomo cansado.
CLIMATIZADOR
Temor de ardor, temor, de sangre sin sudor.
Temor del ancho tedio, del tedio sin sabor,
de ruido sin rumor. Temor, de olvido sin rencor.
Enfangado en sus carnes deliradas
pace un sueño de mundos paralelos.
Las olas de la angustia le cabalgan
todo el cuerpo, vencido y afligido,
y naufraga en los mares inalámbricos
de un mensaje de texto sin respuesta.