Los impasibles

Al clamor despiadado de los filos,
de los filos mellados de sus bocas
sonrientes, sarcásticas, mordaces,
llenad vuestros estómagos vacíos,
bebed un largo trago de su cloro.
Ellos, si pueden, no lo dudarán:
os acometerán donde más duele.
¡Sin piedad! ¡Devolvedles la sonrisa!
Su excitación se crece con la rabia,
nunca dejéis que corra su veneno.
El beso de la espada duele igual,
pero más duele mirar con franqueza.