CANTO XIII

Las vestales del tiempo se han dormido sin sed,
y cuatro sacerdotes sin cabeza
sacrifican la momia de la siesta
en los engalanados altares de Nihil.
Por las calles cabales se festejan
la procesión de botijos sin sombra
y las trompetas sucias del climatizador.
Seiku malgasta el turno de colchón
pensando en nada, removiendo sábanas,
pateando los hierros mezquinos de la cama.
Ellos deducen juegos absurdos y masocas
sobre las losas negras de un portal (el de Jaime)
o contemplan la asfixia del semáforo
y la vigilia inútil de los telefonillos.
"Padre no puede decidir por todos."
Compiten con los radios de las bicis.
"Padre rige sus tierras como quiere."
Sergio ya gana tres veces seguidas.
"Mientras Padre, por muchos años, siga vivo
nosotros no diremos."
"Yo heredaré la tierra y he de velar por ella."
Ahora compiten a aguantar la mano
sobre las escaldadas losas negras.
Por las calles cabales se despeña sin frenos
una secta de grallas y de tambores de muertos.
Sergio alza orgulloso el rubor de su palma.
Gandolf quiere decir, sólo los mira,
palpa la ira agreste de Ricolf
y el impasible curso del arroyo.
"Ellos llevan la culpa." Gandolf sueña la grupa
del caballo de Mir. "Y ellos la pagarán."
Por las calles cabales se fermentan
sombras descapulladas y coros de espardeñas.